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lunes, 6 de abril de 2015

Antes de dormir...

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"Autor de más de medio centenar de libros, Rodríguez Almodóvar desarrolla una destacada labor de recuperación de los cuentos populares españoles. Una de sus colecciones, reeditada desde 1985, ya ha alcanzado los cinco millones de ejemplares. Ayer participó en unas jornadas internacionales sobre Literatura Infantil y Juvenil y volvió a reivindicar la importancia de un tipo de narración que ha sido "esencial" para la humanidad durante siglos.

-Usted defiende los valores pedagógicos del cuento popular, pero en los últimos tiempos surgen voces críticas por entender que transmiten estereotipos sexistas o ser demasiado dramáticos para los niños.

-No estoy de acuerdo. Todo depende de la versión de la que estemos hablando. Siempre trato de recuperar las orales porque son de verdad las que encerraban más valores. Si a La Bella Durmiente le sacamos la segunda parte queda en un cuento un poco tonto de una princesa condenada a dormir que solo despierta por el beso de un príncipe azul. Pero después ella tiene que salir adelante en medio de enormes dificultades porque él se va a la guerra y debe hacerle frente a una suegra edípica que devora a sus nietos. Dirá la gente que casi es peor (risas). Lo cierto es que hay que partir de una base más sólida para analizar los cuentos. Tienen un valor simbólico y de lo que se cuenta representan otra cosa: el mal, el daño gratuito, la desprotección de los niños... El contraste mental entre lo que el niño escucha y lo que vive es lo realmente importante porque se siente protegido por su familia y refuerza su posición en el mundo. Todo esto es un mecanismo simbólico de la mente sobre el que se han hecho muchos estudios comparativos.

-¿Se otorga a los niños menos capacidad para diferenciar la vida real de la ficticia por esa visión de lo políticamente correcto que hoy invade todos los ámbitos?

-Hansel y Gretel, que era muy conocido como Periquín y Periquina en las tertulias hogareñas y campesinas españolas antes de que se rompiese la cadena oral, transmite que alguna vez tendrás que abandonar el hogar y más vale que sepas que la vida es un camino arduo y difícil. Pero también que tú puedes hacerlo. Es un mensaje simbólico que hace que el niño se prepare para la aventura de la vida y no crea que todo será un camino de rosas.

-Es uno de los problemas de la sociedad actual, los niños viven en una burbuja hasta adultos.

-Y entonces el encuentro con la vida es un encontronazo, un choque brutal. Sentirse de pronto en el bosque de la vida sin tener absolutamente ningún recurso para salir adelante es mucho peor que escuchar un cuento.

-¿Hay lugar para el cuento en un mundo digital como el de hoy?

-Yo creo que sí. El problema de las versiones digitales es que simplifican demasiado las historias. La estructura narrativa debe incluir un conflicto inicial importante, un desarrollo en forma de intriga y un final coherente. Esto es lo que hace que una historia, además de darle al niño una visión del mundo, le ayude a construir su estructura mental. Lo más importante de los cuentos es que su estructura interna ayuda a construir el andamiaje mental. Esto es lo esencial, incluso por encima de los valores que tienen. Machado, uno de mis autores predilectos, decía que lo importante es formar bien las entendederas.

-De ahí la importancia de que los cuentos estén en casa y en el colegio.

-Claro, y que los maestros los cuenten con cariño porque el valor afectivo es importantísimo para fijar bien la historia y que la mente se sienta reconfortada. Lo políticamente correcto ha hecho estragos y ha obligado a las editoriales a publicar cuentos mal construidos o bobadas, que de esto hay mucho hoy. Tengo que hacer un elogio de los ilustradores españoles porque hay gente verdaderamente extraordinaria, pero cuando vas a la historia te preguntas cuándo va a pasar algo. No hay derecho. La mente infantil está pidiendo otra cosa, ¡un conflicto! ¿Cómo que se va a traumatizar? Es lo contrario. Sin un referente simbólico para que entiendan por sí mismos que las dificultades están ahí, los niños crecerán entre algodones y pensando que todo es muy fácil. La doctrina no sirve con los niños, sirven los buenos cuentos contados para estimular la comprensión del mundo en todo su rigor.

-Ana María Matute, que le apodó como el tercer hermano Grimm, siempre reivindicó la calidad literaria de los cuentos.

-Sí, además de bien construido, el cuento es bello y hermoso añade un valor importantísimo. El valor estético de la vida y de la vida literaria no se aprende de un día para otro, es una construcción muy paciente hasta que arraiga de verdad el deseo de una buena literatura. Y con historias de tres al cuarto no pasa esto. La literatura infantil y juvenil a veces carece de una crítica seria y también es triste que sea una asignatura optativa en las escuelas de Magisterio. Debería ser una troncal a la que se dedicase el año entero.

-¿Los niños que hoy disfrutan con los cuentos son los lectores del futuro?

-Claro. O los no lectores, porque la afición a leer se desarrolla con buenas historias. Antes había decenas de cuentos en las tertulias hogareñas y cada familia tenía uno predilecto que ayudaba a construir el grupo. Me han dado las gracias muchas veces por recuperar el cuento de su abuelo que no encontraban por ninguna parte y, a continuación, me han dicho que la historia no era así (risas). No despreciemos nunca la inteligencia de los niños, por favor. Necesitan una buena estructuración mental y que ellos mismos interpreten y deduzcan con el tiempo, no hay prisa. La moraleja es innecesaria. Ana María Matute era gran enemiga de las moralejas. Siempre decía que los niños no son tontos. Hay que contar el cuento y ya está. Lo contrario es ofensivo y no valora realmente de lo que el niño es capaz."

(Antonio Rodríguez Almodóvar -Catedrático y premio Nacional de Literatura Juvenil 2005- entrevistado por Sandra Penelas y publicado en http://www.laopinioncoruna.es/contraportada/2015/03/07/mente-infantil-pide-conflicto-cuento/934489.html)

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lunes, 3 de septiembre de 2012

Los valores imperdibles

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"Berg no pactó con éstos, no se aprovisionó de ningún acervo eterno; el porte de su música está demasiado profundamente comprometido con la muerte para eso. En todas sus fases, la música, sin embargo, pierde algo con el progreso mismo; el creciente dominio del material, expresión del creciente control sobre la naturaleza, nunca es sino al mismo tiempo un acto de violencia. Berg se arredró ante él mientras al mismo tiempo se entregaba sin reservas al progreso. Esta paradoja la propicia aquel rasgo de su natural musical que no quería renunciar a nada, sino asegurarse el logro de la obra en cualquier dimensión imaginable; una angustia quizá emparentada con su afinidad con la muerte. Pero en esa voluntad hay algo de cuadratura del círculo y de quijotismo: toda pieza de Berg superaba su imposibilidad con engaño, era un tour de force. Se ha de pagar un precio muy alto si se quiere salvar en el progreso mismo aquello que se destruye. Berg abonó heroicamente ese precio. Falsos amigos, que lo conocían bien pero entendían mal, no tardaron en advertir (....) que las líneas de fractura de su obra daban una y otra vez testimonio de ello. (...) Él se arriesgó a estas fracturas en oposición a la consecuencia que se devora a sí misma tanto como a la confianza en lo que una vez fue; por así decir, se ofreció a sí mismo al pasado como sacrificio al futuro."

(ADORNO, Th.W, "Alban Berg" en Escritos musicales I - III. Obra completa, 16, Akal, Madrid, 2006)

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viernes, 8 de octubre de 2010

¿Un gesto...mil palabras?

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"La importancia de los comportamientos paraverbales se manifiesta, entre otros, en el hecho de que es la dirección de la mirada del hablante lo que define prioritariamente al oyente en la comunicación oral y aún de manera más decisiva que el empleo del 'tú' lingüístico, pues los pronombres personales puedan dar lugar a usos 'desfasados' (...) Cuando a una persona presente en la situación de comunicación se la denota mediante un pronombre de tercera persona, llegamos, en efecto, a la conclusión:
- de que esa persona está excluída de la relación de alocución, si la mirada del hablante no se dirige hacia ella;
- de que esa persona tiene efectivamente el papel de oyente, en el caso contrario (la tercera persona se explica entonces como un 'tropo', que aparece en los enunciados ' hipocorísticos')"

KERBRAT-ORECCHIONI, Catherine, La enunciación. De la subjetividad en el lenguaje, Edicial, s/d.

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domingo, 26 de septiembre de 2010

Para Tí: nota de tapa

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"Cuando usted comprueba cómo un intelectual típico tiene miedo de enamorarse, al principio creerá que ese miedo es muy estúpido. Pero quizá él posea buenos motivos para su miedo, pues es altamente probable que en un caso así se comporte de forma realmente absurda. Será violentado por sus sentimientos, ya que éstos reaccionan solamente ante un tipo arcaico o peligroso de mujer. Por eso muchos intelectuales tienden a casarse por debajo de su nivel. Quizá resulten atrapados por la casera o la cocinera; en realidad caen en la trampa de sus propios sentimientos arcaicos, de los cuales no pueden dar cuenta. Se asustan, por tanto, con razón, pues sus sentimientos pueden conducirlos a la ruina. En el pensamiento son inatacables. Ahí son fuertes e independientes; pero en su sentimiento pueden ser influidos, violentados, engañados y utilizados, y son conscientes de ello. Nunca se debería por tanto querer entrar a la fuerza a un intelectual en su sentimiento. Lo reprimirá con puño de hierro, porque sabe lo peligroso que es."

(JUNG, Carl Gustav, Sobre el amor, Trotta, Mínima Trotta, Madrid, 2005)

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miércoles, 23 de junio de 2010

5 à sec o japoneses?

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He tomado algunas decisiones:
voy a cambiar las sábanas y las frazadas;
voy a mandar cada acolchado a la tintorería a que lo laven, lo sequen, lo doblen y perfumen.

También pensé en quemar la cama.
Cuando me percaté de que en realidad debería dar fuego a la casa completa conmigo dentro,
me pareció demasiado.
¿Vos qué creés?

De todos modos sería justo para el después.

No pienso compartir siquiera tus células olvidadas y muertas en mi casa.
No quiero que nadie se vea obligado a saberte aquí.

Ya fuimos tres bajo la misma cobija.

Y dolía.

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sábado, 5 de junio de 2010

Blow it

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Cuando tengo esas rachas geniales en las que toco todos los días me convenzo de lo buena que soy y de cuánto mejor podría ser dibujando.

Pausa:
¿dije dibujando?
Pausa.
Digo:
tocando.
Pausa:
...
ah!
...
Pausa.

Es que practicar aquellas artes musicales, se confunde, se mezcla, se identifica, en mi imaginario, con practicar artes plásticas. No es nada original la frase que dice que hacer música es pintar con sonidos; ok, pero se me antoja cierta. Por la campana de un saxofón salen soplados cuadros, amores, encuentros, sopladas historias, ventosos paisajes, inflados globitos de duda.
Soplar, soplar y soplar es hacer pasar por el instrumento todo eso que De Chirico puso dentro del pintor y del arqueólogo y transformarlo también en sonido para que puedan disfrutarlo, sino de las dos maneras, al menos de una, quienes lo escuchan.

Músicos y plásticos trabajan con la misma materia prima.

¿Y qué pasa con los colores? También hay música monocromática.

Miopía: músicos que quieren dibujar en cualquier margen-pedacito-de-papel; dibujantes que aprovechan la hoja en blanco para correr a tocar la guitarra. ¡Convénzanse! ¡No son cosas distintas! ¡No añoren lo uno mientras realizan lo otro: que son una y la misma cosa!

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sábado, 20 de diciembre de 2008